29 anos volvidos



Os dias estão cheios de acontecimentos banais, aos quais não atribuímos grande importância e, em certa medida, servem de queixume acerca da mesmice da rotina que nos assola o pensamento.

Hoje aconteceu-me algo meramente banal. No entanto, no meio da banalidade, senti um “cair de ficha”, um murro no estômago, um nó no peito daqueles que parece que nos vamos afogar no meio de tamanha angústia. Não sucedeu nada de grave, somente a vida a desfilar pelas horas do quotidiano.


Fui fazer compras à vila e aproveitei para entrar numa florista. Escolhi umas gerberas vermelhas – eram as suas preferidas - e outras flores “secas” que não me recordo bem do nome para levar ao cemitério. Já estava prestes a pagar quando a minha atenção se deteve numas velas, tendo perguntado os preços e os tamanhos para ver se fazia sentido adquirir alguma. No meio desta interação, a funcionária questionou-me se eu prefereria uma vela “branca ou uma que incluísse palavras/frases”, mostrando-me uma que dizia “Mãe”. Resolvi trazer essa mesmo, juntamente com as flores. Até aqui tudo do mais banal possível: uma transação comercial num dia comum.

Quando saí da florista percebi a estranheza que me tinha assoberbado no instante anterior, em que fiz um esforço para controlar as lágrimas e os soluços que queriam abalar do meu peito, a todo o galope. O ar fresco e húmido representou o contexto perfeito para deixar sair os sentimentos que me dominavam naquele exato momento: a incompreensão, a saudade, o amor. Não havia lógica, somente emoção a fluir, enquanto os meus pés me conduziam por uma caminhada solitária pela natureza.

O gatilho para a emoção foi a palavra “Mãe” escrita numa vela de cemitério: que tristeza enorme é alguém ter de oferecer um objeto fúnebre a quem lhe deu a vida! Tantos anos após a morte da nossa mãe, continuam a aparecer, por vezes, as nuvens da incredibilidade e da injustiça. Ali chorei porque gostaria de poder entregar à Marta, umas bonitas flores e uns deliciosos bombons, e poder sentir o seu abraço e gargalhada, dizendo “Obrigada, querida filha!”.

Assim é a vida, como se costuma dizer. Repleta de rotinas que aceleram os ponteiros do relógio fazendo com que o tempo passe a voar. 10 de janeiro de 1997: 29 anos volvidos desde que a nossa mãe faleceu. Por um lado, a sensação que fica é que passou uma eternidade e, por outro, não passou tempo nenhum. Na saudade que se instala, a energia permanece intacta.

“Saudade é um sentimento que, quando não cabe no coração, escorre pelos olhos.”
(Bob Marley)

Texto en Espãnol

29 años después

Los días están llenos de acontecimientos banales, a los que no atribuimos gran importancia y, en cierta medida, sirven de queja sobre la rutina que nos carga el pensamiento.


Hoy me ha pasado algo meramente banal. Sin embargo, en medio de la banalidad, sentí un "caer de ficha", un puñetazo en el estómago, un nudo en el pecho de aquellos que parece que nos vamos a ahogar en medio de tanta angustia. No sucedió nada grave, solo la vida a desfilar por las horas de lo cotidiano.

Fui de compras al pueblo y aproveché para entrar en una florista. Elegí unas gerberas rojas - eran sus favoritas - y otras flores "secas" que no recuerdo bien el nombre para llevar al cementerio. Ya estaba a punto de pagar cuando mi atención se detuvo en unas velas, habiendo preguntado los precios y los tamaños para ver si tenía sentido adquirir alguna. En medio de esta interacción, la funcionaria me preguntó si yo prefería una vela "blanca o una que incluyera palabras/frases", mostrándome una que decia "Mamá". Decidí traer esa misma, junto con las flores. Hasta acá todo lo más banal posible: una transacción comercial en un día común.

Cuando salí de la florista me di cuenta de la extrañeza que me había sobrepasado en el instante anterior, en el cual hice un esfuerzo para controlar las lágrimas que querían salir de mi pecho, a todo el galope. El aire fresco y húmedo representó el contexto perfecto para dejar salir los sentimientos que me dominaban en ese preciso momento: la incomprensión, la nostalgia, el amor. No había lógica, solo emoción fluyendo, mientras mis pies me conducían por una caminata solitaria a través de la naturaleza.

El detonante para la emoción fue la palabra "Mamá" escrita en una vela de cementerio: ¡qué gran tristeza es alguien tener que ofrecer un objeto fúnebre a quien le dio la vida! Tantos años después de la muerte de nuestra mamá y me siguen apareciendo, a veces, las nubes de la incredulidad y la injusticia. Lloré porque me gustaría poder entregar a Marta, unas bonitas flores y unos deliciosos bombones, y poder sentir su abrazo y risa, diciendo "Gracias, querida hija!".

Así es la vida, como se suele decir. Llena de rutinas que aceleran las agujas del reloj haciendo que el tiempo pase volando. 10 de enero 1997: 29 años desde que nuestra mamá murió. Por un lado, la sensación es que pasó una eternidad y, por otro, no pasó ningún tiempo. En la nostalgia que se instala, la energía permanece intacta.

"La nostalgia es un sentimiento que, cuando no cabe en el corazón, fluye por los ojos."
(Bob Marley)

Comentários

Mensagens populares