A dança como a real escuta do corpo

 

Li que, depois da gravação das cenas mais densas, a realizadora do esplêndido filme “Hamnet”, pedia ao elenco que dançasse. Tornou-se um ritual de catarse no seio das filmagens desta história que evoca uma profunda viagem de dor e de compaixão.


As emoções, particularmente, as negativas, como a tristeza, a raiva ou a angústia, perfuram, de forma vigorosa, o nosso sistema e não nos abandonam, facilmente. Durante muito tempo acreditei que os estados emocionais seriam passageiros – e não o deixam de ser – e que transitado o momento, a página era definitivamente virada e p’ra frente é que é caminho!

O problema é que o nosso corpo, este templo sagrado que suporta a nossa existência física, não esquece. O gajo tem cá uma memória, melhor do que a do elefante e que daria para envergonhar qualquer programa informático sofisticado, pois consegue armazenar informação tão longínqua que atravessa, inclusive, o tempo de várias gerações, como apontam os estudos da Epigenética.

As células que compõem o corpo humano ficam intoxicadas pelas nossas emoções mais profundas, sendo vulneráveis àquilo que vamos sentindo, ao longo da nossa vida. Nos períodos mais difíceis, cerramos os dentes, contraímos a musculatura e permanecemos na rigidez da postura para ver se a tormenta passa, o que deixa fissuras graves na saúde física, mental e emocional. O corpo fala connosco, mas tantas e tantas vezes, fazemos ouvidos moucos e preferimos entupir-nos de acessórios para camuflar o que nos vai cá dentro do peito.

Na verdade, não fomos educados a desenvolver a inteligência emocional para lidarmos com a vida, no seu todo. Ninguém nos soube explicar o que podemos fazer para expressar melhor o que sentimos e regularmos os estados emocionais mais difíceis. Quem me dera que eu tivesse sabido, mais cedo, que a dança cura o corpo e a alma.

A dança como expressão do movimento, nada tendo a ver com a performance da anatomia perfeita. A dança como a real escuta do que o meu corpo necessita, sem tabus ou condicionamentos externos. A dança como a libertação do que não consigo exprimir de outra forma, já que as palavras não são suficientes para a grandeza do ser.

“Dançar é sentir-se livre como um pássaro e feroz como um leão.”
(autor desconhecido)
Texto en Español


Bailar como la verdadera escucha del cuerpo

Leí que, después de la grabación de las escenas más densas, la directora de la espléndida película "Hamnet", pedía al elenco que bailaran. Se ha convertido en un ritual de catarsis dentro del rodaje de esta historia que evoca un profundo viaje de dolor y compasión.

Las emociones, particularmente, las negativas, como la tristeza, la ira o la angustia, penetran, de forma vigorosa, nuestro sistema y, de hecho, no nos abandonan fácilmente. Durante mucho tiempo he creído que los estados emocionales serían pasajeros -y no lo dejan de ser- y que pasado el momento, la página estaba definitivamente virada y vamos para adelante que es el camino!

El problema es que nuestro cuerpo, este templo sagrado que sostiene nuestra existencia física, no olvida. El cuerpo tiene una grande memoria, mejor que la del elefante y que daría para avergonzar cualquier programa informático sofisticado, pues puede almacenar información tan larga que incluso atraviesa el tiempo de varias generaciones, como apuntan los estudios de la Epigenética.

Las células que componen el cuerpo humano quedan intoxicadas por nuestras emociones más profundas, siendo vulnerables a lo que sentimos, a lo largo de nuestra vida. En los períodos más difíciles, cerramos los dientes, contraemos la musculatura y nos quedamos en la rigidez de la postura para ver si pasa la tormenta, lo que deja fisuras graves en la salud física, mental y emocional. El cuerpo nos habla, pero muchas veces, no lo escuchamos y preferimos llenarnos de accesorios para camuflar lo que está dentro de nuestro pecho.

En verdad, no nos han educado para desarrollar la inteligencia emocional para afrontar la vida en su conjunto. Nadie ha sabido explicarnos qué podemos hacer para expresar mejor lo que sentimos y regular los estados emocionales más difíciles. Ojalá hubiera sabido antes que el baile cura el cuerpo y el alma.

La danza como expresión del movimiento, sin tener nada que ver con el desempeño de la anatomía perfecta. La danza como la verdadera escucha de lo que mi cuerpo necesita, sin tabúes ni condicionamientos externos. La danza como la liberación de lo que no puedo expresar de otra forma, ya que las palabras no son suficientes para la grandeza del ser.

"Bailar es sentirse libre como un pájaro y feroz como un león."
(autor desconocido)

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