Um pássaro no meio de anjos e santos
O pássaro voou dentro da igreja, percorrendo os tetos cravejados de cânticos e de preces sentidas, no exato instante em que o sacerdote, responsável pelas cerimónias fúnebres, proferia o nome do defunto homenageado. Abstive-me, por momentos, das rezas e dos rituais, e permaneci, na contemplação da (in)finitude do tempo que se me apresentava no formato de um ser vivo, livre e solto.
O confronto com a morte evoca, naturalmente, uma reflexão sobre o sentido da existência, pois a dita continua a desafiar a nossa compreensão, que se revela, sempre, inábil e insuficiente perante a assunção da fatalidade. No meio de memórias e de julgamentos que nós, humanos, nunca estamos isentos, emerge a voz da consciência que nos questiona sobre o que é viver de forma plena (e não somente, sobreviver!). O que realmente importa, no final dos dias?
Pensando melhor, a ideia da frase “no final dos dias” torna-se, no meu ponto de vista, demasiado redutora para o verdadeiro significado de uma vida. Creio que pouco interessa o que se vai dizer de nós quando a nossa alma abandonar o corpo, se, durante o percurso, não nos tivermos entregado, com todo o coração, ao ato de saborear a vida, como se de uma experiência gastronómica se tratasse - mesmo que, tantas vezes, o que nos calhou no prato tenha sido difícil (ou impossível) de engolir. Cada dia conta e será inútil deixarmos para amanhã, a decisão de jogar com todas as cartas do baralho.
Mais do que construir uma vida em escadinha, tentando cumprir a check list do que é suposto (ou não), talvez valha a pena investir na desconstrução das nossas armaduras, as quais nos impedem de estabelecermos conexões verdadeiras com os outros e, sobretudo, connosco próprios. Uma vida em que se possam ir limpando, aos poucos, as teias do controlo, da agonia e da aparência.
E foi esta a mensagem que recebi através da sincronicidade manifestada no ato do passarinho a voar, feliz, por entre estátuas de anjos e de santos, em pleno funeral: um chamado para uma vida (mais) leve e fluida. Associei, ainda, este insight a um texto (meu) antigo, nada é por acaso....
“Viver, simplesmente, como o pássaro grande que abre as suas asas e voa.”
(“O pássaro da felicidade” – Celestices, 2018)
Texto en español
Un pasajro en el medio de angeles y santos
El pájaro entró volando en la iglesia, surcando los techos repletos de cánticos y oraciones sentidas, justo en el instante en que el sacerdote, encargado de las ceremonias fúnebres, pronunciaba el nombre del difunto al que se rendía homenaje. Me aparté, por unos instantes, de las oraciones y los rituales, y permanecí contemplando la infinitud del tiempo que se me presentaba en forma de un ser vivo, libre y suelto.
El enfrentamiento con la muerte evoca, naturalmente, una reflexión sobre el sentido de la existencia, pues este sigue desafiando nuestra comprensión, que se revela, siempre, torpe e insuficiente ante la asunción de la fatalidad. En medio de los recuerdos y los juicios de los que nosotros, los humanos, no estamos exentos, surge la voz de la conciencia que nos pregunta qué es vivir plenamente (¡y no solo sobrevivir!). ¿Qué es lo que realmente importa, al final de los días?
Pensándolo bien, la idea de la frase «al final de los días» se vuelve, en mi opinión, demasiado reduccionista para el verdadero significado de una vida. Creo que poco importa lo que se diga de nosotros cuando nuestra alma abandone el cuerpo, si, durante el camino, no nos hemos entregado, con todo el corazón, al acto de saborear la vida, como si se tratara de una experiencia gastronómica —aunque, tantas veces, lo que nos haya tocado en el plato haya sido difícil (o imposible) de tragar. Cada día cuenta y será inútil dejar para mañana la decisión de jugar con todas las cartas de la baraja.
Más que construir una vida paso a paso, intentando cumplir la lista de lo que se supone que hay que hacer (o no), quizá merezca la pena invertir en desmontar nuestras corazas, que nos impiden establecer conexiones auténticas con los demás y, sobre todo, con nosotros mismos. Una vida en la que se puedan ir limpiando, poco a poco, las telarañas del control, la agonía y las apariencias.
Y este fue el mensaje que recibí a través de la sincronicidad manifestada en el acto del pajarito volando, feliz, entre estatuas de ángeles y santos, en medio de un funeral: una llamada a una vida (más) liviana y fluida. Me hizo acordar de un texto antíguo, nada es casualidad...
«Vivir, sencillamente, como el gran pájaro que abre sus alas y vuela».
(El pajaro de la felicidad – Celestices, 2018)



Comentários
Enviar um comentário